“¿Por qué fue la Caja Brillo mi punto de apoyo para plantear la cuestión que acabaría cimentando mi filosofía del arte? Creo que debió de ser a causa de su atractivo visual, que es lo que cabría esperar de un buen ejemplo de arte comercial, como era el envase original de Brillo. Pero el responsable de esto no era Warhol. Como descubriría más tarde, fue un diseñador de embalajes a tiempo parcial llamado James Harvey quien dio con el maravilloso diseño… Gracias a James Harvey, las cajas Brillo fueron la estrella de la exposición y desde entonces han sido estrellas en la historia del arte. Y es la estética lo que da razón de su glamour, aunque el propio Warhol nada tuviera que ver con ello… El éxito del Pop Art como movimiento mundial se debe, en parte, a que sus practicantes se apropiaron de los logros de diseñadores con frecuencia anónimos” (Arthur C. Danto, El abuso de la belleza. La estética y el concepto del arte, 2003).
